Por Gloria Aponte

(Coordinadora Nodo LALI Educación) escrito para The Nature of Cities

Generalmente las actividades relacionadas con el desarrollo urbano, reflejan las características prevalentes en la cultura global. Simultáneamente, otros aspectos de la cultura local permanecen en silenciosa persistencia, atadas a valores más tradicionales e íntimos que aquellos que la actual tendencia de globalización motiva o permite. Por ejemplo, el endurecimiento de los flujos meándricos de los cursos de agua y el uso indiscriminado de vegetación foránea correspondiente a otras latitudes, se adelantan con base en el argumento de que se usan en países desarrollados, mientras desconocen la tradicional relación dialógica agua-ser humano o ignoran la riqueza en biodiversidad local.

Derivado del traslapo de rasgos culturales locales y globales, de cada comunidad social emerge una manera de entender la naturaleza y de establecer relaciones con ella. Este hecho, como también el hecho de que el planeta está actualmente inmerso en una tendencia creciente de desarrollo urbano de no retorno, la pregunta es: Cuál es la mejor manera de integrar naturaleza y ciudad?

Se presentan aquí algunas rutas para responder a la pregunta, sin que sean ellas mutuamente excluyentes.

  • “Inyectar” naturaleza en las ciudades?

Una practica generalizada y de larga data ha sido la complementación de construcciones urbanas con unos pocos “bonitos” árboles o plantas. Una práctica que con frecuencia desatiende los valores ecológicos reales, tales como la morfología natural, ríos y quebradas y biodiversidad en general. Yolanda van Heezik anota al respecto: Los valores estéticos de muchas personas reflejan preferencias por una forma de paisaje Arcadiana/romántica, presente en parques con amplio distanciamiento entre árboles, que en Nueva Zelanda son generalmente de especies exóticas, esparcidos sobre prados cuidadosamente podados sin sotobosque, que por supuesto no son el mejor hábitat para especies silvestres. No obstante  referida a Nueva Zelanda, la afirmación aplica perfectamente a muchos otros lugares en el mundo, tales como las ciudades colombianas, las cuales son la motivación de este texto.

  • Redescubrir y restablecer la naturaleza que existió allí antes?

La admirable intención ecológica de reestablecer el ecosistema previo con base en las escasas huellas dejadas, a la par con la expansión  urbana, es el propósito de los Proyectos de Restauración Ecológica promovidos por las políticas ambientales colombianas. Desafortunadamente la perspectiva inmediatista actual hace que esa buena intención sea considerada idealista por constructores y promotores inmobiliarios, y también obstaculizada por el desarrollo de infraestructura y por las prioridades edificatorias. La mayoría de las veces cuando se adelanta este tipo de intervenciones, terminan siendo soluciones cosméticas o distracciones para afrontar los requerimientos ambientales. Hace falta una actitud más responsable hacia una verdadera solución, mientras que las autoridades ambientales son mas laxas cada vez.

  • Mantener y mejorar la naturaleza restante?

Algunos sensatos enfoques de la planificación para el desarrollo urbano, tienen en cuenta la provisión de espacios públicos abiertos, coincidentes con rasgos sobresalientes del territorio natural. Sin embargo, la desenfrenada actividad edificatoria disminuye y fragmenta tales áreas con el consecuente detrimento de su carácter y valor, cuando no las borra totalmente. Tristemente, la gente del común no es consciente del engaño que viene con la oferta seductora de un lugar donde vivir, así sea en edificios con vistas que pronto desaparecerán y que representan en sí mismos problemas ambientales no resueltos. Es el caso de densos conjuntos de apretados apartamentos, que conllevan la necesidad de superficies de parqueadero, en detrimento de zonas libres verdes.

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Figura 1. Inserción forzada de edificios densos en espacios verdes que permitían un respiro al entorno urbano. Sector de la ciudad de Medellín, visto desde el Metro-cable. Foto: Gloria Aponte
  • Rehabilitar la disminuida naturaleza restante?

Esta es una tarea aún más difícil, pues existen muchos factores de la funcionalidad urbana que se priorizan obstaculizando este sano propósito. En lugares ya afectados por deforestación, endurecimiento e invasión de las rondas de quebradas o el aplanamiento del relieve original, es casi imposible retroceder para restablecer los componentes y las dinámicas naturales. Generalmente la infraestructura dura y la urbanización prevalecen.

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Figura 2. Infraestructura impuesta sin consideraciones de Bioingeniería. Sector de la ciudad de Medellín, visto desde el Metro-cable. Photo: Gloria Aponte
  • Todas las anteriores?

Ninguna acción impulsada por los tomadores de decisiones puede por sí sola garantizar una relación sólida entre la naturaleza y la ciudad. Es decir, necesitamos promover un enfoque que reúna y entrelace respuestas a los múltiples determinantes involucrados en un hábitat vivo, como lo es nuestro planeta tierra donde las ciudades aparecen como concentraciones de productos artificiales. Estos hábitats artificiales deben seguir las leyes de vida de su anfitrión, si esperan un desarrollo exitoso.

En este sentido, Carlos Eduardo Maldonado,  en su artículo de reciente publicación que se puede consultar, nos invita a: Pensar como la naturaleza, aludiendo a la manera como la sabia natura responde simultáneamente a variados problemas y funciones,

Un mejor enfoque perseguiría una propuesta holística integral, pero definitivamente no será suficiente si la cultura no está involucrada antes y durante el proceso de implementación. Más precisamente, si el bagaje de conocimiento de las culturas ancestrales, que han estado más cerca de la naturaleza, no está involucrado.

Aunque nuestra cultura no está intencionalmente contra la naturaleza, estamos muy lejos de devolverla a la posición que le corresponde, en términos del ámbito urbano y sus valores. Si confiamos en la cultura contemporánea dominante, inmersa en el consumismo, la inmediatez, el antropocentrismo y el egocentrismo, la naturaleza en las ciudades está condenada al fracaso. Es importante entender y valorar culturalmente múltiples aspectos relacionados con la relación social con la naturaleza.

Como expresa Lincoln Garland: El poder del mundo natural para dinamizar la creatividad, por supuesto, ha sido entendido por artistas, filósofos, compositores y poetas durante mucho tiempo. La ciencia se está poniendo al día.

Es cierto que las ciencias naturales han sido bastante racionales y que la tradición podría enriquecerse mirándolas con el hemisferio derecho del cerebro. Ayudará con el propósito de la integración entre: la ciudad como producto de la creatividad, y la naturaleza como objeto de la comprensión científica. Sin embargo, los selectos grupos mencionados por Garland deben ser complementados acercando la idea de la naturaleza a las personas, difundiendo la conciencia de la naturaleza, en diversos niveles, como algo más que un simple proveedor de bienes.

Esos niveles de conciencia están relacionados con el concepto de biofilia. El primero: “bio” no se trata solo de recursos útiles, como se entiende frecuentemente. En Colombia, por ejemplo, muchas personas cuando escuchan la palabra “ecosistema” piensan en los árboles y su beneficio directo: sombra, independencia de usos o complacencia estética a veces caprichosa.

Propongo el término bio-valor-filia en un intento por enfatizar una dimensión que contrarresta los intereses utilitarios egoístas, e implica la apreciación de los valores relacionados con la vida en general.

El enfoque utilitario es evidente incluso en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Una mención directa a la naturaleza, aparece apenas en sexto lugar, pero con énfasis en consumo (agua limpia y saneamiento básico). Los primeros cinco objetivos (1.fin de la pobreza, 2.hambre cero, 3.salud y bienestar, 4.educación, 5.igualdad de género) no mencionan directamente la naturaleza, no obstante que los tres primeros claramente dependen de ella.

El segundo nivel de conciencia es este: “bio” no es estático. No es solo “el árbol” como una farola estática o uno de los elementos públicos del mobiliario como a veces se ve, sino el proceso; continuo, permanente, sin interrupciones nocivas e innecesarias que obstaculicen el ciclo del carbono, indispensable para todo tipo de vida. No es solo el agua medida en litros sino su ciclo, todas las funciones creativas, en juego durante su complejo recorrido. Aquí el concepto propuesto es bio-ciclo-filia, para enfocarse en la dinámica de la vida. Parece obvio, pero no se refleja en la práctica diaria. Nuestra sociedad, caracterizada por la inmediatez, no tiene paciencia para seguir los tiempos de la naturaleza, por lo que prefiere ignorarla. Esta es una llamada para recuperar la buena práctica de culturas ancestrales acostumbradas a entender variadas dimensiones temporales y sus efectos.

Al respecto, son pertinentes las palabras de Ken Yeang, en un ensayo de TNOC: en lugar de centrarnos en construir la biofilia de las ciudades, deberíamos centrarnos en convertir las ciudades en ecosistemas construidos que sean aproximaciones y extensiones de ecosistemas naturales.

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Figura 3. Si existe un diálogo, sería más inteligente aplicar los principios naturales en los edificios, que obligan a la naturaleza a aparecer como un objeto hecho por el hombre. Bucaramanga, Colombia. Foto: Octavio Jiménez.

Se evidencia una necesidad inminente de regresar al conocimiento ancestral, a aquellas culturas que entendieron la importancia de los procesos naturales, de los ciclos elementales que parecen ser olvidados en un afán desenfrenado por construir, ganar dinero y enriquecerse.

Si pudiéramos comprender e internalizar los ciclos naturales en todos los niveles de la sociedad y en personas de todas las edades, estaríamos más dispuestos a valorar la naturaleza y, por supuesto, más cerca de una verdadera biofilia. En Colombia, por ejemplo, ayudaría a la sociedad en general, gente del común, profesionales y autoridades, a valorar los páramos, científicamente reconocidos como las mejores fábricas de agua del planeta, el 50 por ciento de los cuales se encuentran en territorio colombiano. Los páramos son una de nuestras principales riquezas.

Es imperativo potenciar esos rastros legítimos de los bienes culturales nacionales, de los cuales Colombia tiene abundancia, aunque todavía están por descubrirse. Como ejemplo, la Figura 4 muestra el calendario del grupo étnico Nasa, construido de acuerdo con su conocimiento de los fenómenos naturales y las tradiciones. El calendario Nasa ha sufrido transformaciones basadas en dos factores; la aculturación, por un lado, que trajo el uso de pesticidas y el riego técnico, y el cambio climático del cual los Nasa son claramente conscientes.

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Figura 4. Calendario Nasa. Fuente: Catherine Ramos et al. Obtenido de: https://www.researchgate.net/publication/259688716

El conocimiento de las comunidades locales sobre los “marcadores de cambio de época”  o “marcadores biotemporales” son imperceptibles a los ojos de los científicos, pero no por eso es menos interesantes para la investigación sobre el clima y sus cambios, argumenta Catherine Ramos, et. al., e ilustra la declaración con experiencias comprobadas, tal como la de los grupos indígenas que, siguiendo sus creencias, se movieron a tierras más altas inmediatamente antes del tsunami de 2004 en Indonesia y se salvaron así de su embestida.

Ese tipo de relación con los fenómenos naturales comienza con una lectura consciente de la identidad de un territorio. Un a muestra de esta idea  se puede ver en el Museo Nacional de Bogotá en la exposición llamada Endulzar la palabra, la cual reúne ejemplos sobre el reconocimiento territorial por parte de numerosos grupos étnicos ancestrales colombianos (Figura 5).

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Figura 5. Interpretación del territorio, según la cultura Wiwa, en diversos componentes interconectados. Montaje realizado por investigadores y curadores de arte en la exposición del Museo Nacional “Endulzar la palabra” Bogotá, Colombia. Diciembre de 2017 – febrero de 2018. Fuente: Catherine Ramos et al. Foto: Gloria Aponte

En síntesis, propongo que apliquemos la etnoecología, un punto de encuentro entre naturaleza y cultura dentro de las ciudades, donde vive la mayoría de la población. Para lograrlo es indispensable profundizar en el conocimiento remanente en los grupos étnicos indígenas (el verdadero nativo ecológico y también en los habitantes de las periferias urbanas que aún guardan débiles enlaces a la connivencia con los ciclos naturales debido a sus orígenes campesinos, indígenas o afro.

Gloria Aponte
Medellín

On The Nature of Cities

Fuente: https://www.thenatureofcities.com/2018/01/30/lets-apply-ethno-ecological-approach-cities-nature/#spanish

 

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Un comentario sobre “Apliquemos un enfoque Etno-ecológico a las ciudades y su naturaleza

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